Leviathan te hiela el alma porque la vida realmente es así de cruda

Ayer me fui a la cama entristecido y rabioso. El desasosiego que uno acarrea por la cruda realidad que vivimos se despertó a mala hora y pasó la noche en vela. Así de impresionado me dejó Leviathan, el cuarto largometraje del realizador ruso Andréi ZviáguintsevAndréi Zviáguintsev en Wikipedia.

El filme ha obtenido múltiples premios y nominaciones, entre ellas el máximo galardón en el pasado Festival Internacional de Cine de Londres, el Globo de Oro a mejor película extranjera y la nominación como mejor filme en habla no inglesa en la entrega 87 de los premios Óscar.

La realidad universal que nos presenta es de esas que te abofetean y te deja el alma dolorida un buen rato. “Despierta, miserable ciudadano. Tus intentos por ignorar la realidad no te llevarán a un mundo pararelo donde evitarla. Despierta, toda esperanza es una utopíaVodka y en botella“.

Cuando al fin llegó al fin, pero solo después de la última línea de los créditos, me convencí que esta historia era muy real; y no acabaría como esperaba. La justicia sucumbe ante la malicia humana.

Y es que demasiado a menudo, el poder conferido a los políticos y poderosos es usado en contra de los mismos ciudadanos que les otorgan su confianza. Las personas comunes y corrientes muchas veces deben enfrentarse a la corrupción en las más altas esferas del poder.

Realmente desoladora. Cine político y social que produce tanta incomodidad como desconsuelo. Andamos entre ruinas y glorificamos el fango. No son palabras míasLa hecatombe de enfrentarse a la apisonadora de la corrupción pero las comparto totalmente (o casi). Ni un rayo de esperanza. Desencanto total.

Pero es la vida que vivimos. Creemos vivir.

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